presentacion



Hola, soy Cristina. Tengo once años. Vivo en Íllora y estudio en el colegio Gran Capitán. Estoy en sexto. Mi pueblo es muy bonito.

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Hello, I'm Cristina. I'm eleven years old. I live in Íllora and I study in the college Great Captain. I'm in sixth. My town is very nice.


Yo también sé escribir


      El castillo de princesas
Había una vez dos niños, eran muy amigos y siempre paseaban juntos. Un día encontraron un gran castillo, les llamó la curiosidad y entraron. Miguel, muy valiente y listo, sacó su espada y amenazó a un mayordomo que había allí. Daniel le dijo:
-Espera, nos puede enseñar el castillo.
Miguel lo dejó y siguieron viendo el castillo. El lugar era un castillo muy grande, típico de un cuento de princesas, era de muchos colores y había hermosos seres. Era precioso y espectacular.
Llegaron a una habitación en la que había una reina, estaba sentada en un trono, con la cabeza hacia abajo, parecía estar preocupada.
-¿Quién sois y que hacéis aquí? -Preguntó de repente.
-Soy Miguel y él es Daniel, vimos el castillo y decidimos entrar. -dijo Miguel.
-¿Qué le ocurre? Parece preocupada.
-Estoy buscando un príncipe, para reinar en mi país natal, que no es un país normal.
-¡Yo quiero ser el príncipe! -exclamó Daniel.
-No, lo seré yo.
-Ya que no os ponéis de acuerdo, seguid andando por el castillo y quién llegue antes a la puerta del castillo será el príncipe. Mi mayordomo os acompañará.
Miguel dijo:
-¡Vamos!
Cada uno fue por un camino y el mayordomo siguió a Miguel. Después de un tiempo Daniel y Miguel se cruzaron en un río de un agua morada.
-Tenéis que cruzar este río, pero no podéis nadar. -dijo el mayordomo-.
-Bien, vamos a seguir. -dijo Daniel-.
No había un puente ni nada para pasar. Miguel vio un extraño animal era un ave muy grande y de muchos colores. Se agarró a él y pudo cruzar el río, saltó y siguió su camino. Daniel galopó a los lomos de un caballo que podía volar y se fue.
Después tuvieron que curar a un animal y viviendo muchas aventuras y desafíos llegaron al final del castillo donde había un gran monstruo, tenían que vencerle para poder salir del castillo. Daniel, subido en su caballo, sobrevoló la cabeza del monstruo, se subió a sus espaldas y el monstruo lo lanzó al suelo. Miguel corrió a ayudarle y muy preocupado le dijo:
-¿Estas bien? Vamos a luchar juntos y venceremos al monstruo.
Se subieron al caballo, treparon por el pecho del monstruo y llegaron a la cabeza. Miguel saltó y con su espada hizo caer la lampara que calló sobre el monstruo y él muy asustado huyó. La reina al descubrir que habían llegado juntos a la puerta, les dijo:
-Como no podéis ser los dos príncipes, os regalo este castillo podéis venir siempre que queráis.
Daniel, Miguel y sus familias decidieron mudarse allí.


Excursión al bosque


Un día, el año pasado, fuimos de excursión a un bosque lejano los niños de la clase y el profesor. Cuando llegamos al bosque todos salieron a dar un paseo. Mi amiga, una persona amable y simpática, y yo nos fuimos por otra parte. Seguimos un camino de tierra. Había plantas y animales muy extraños, de todos los colores y olores. Mientras andábamos, escuchamos una voz que decía:
-¡Cállate, no hagas ruido!
Se escuchaba detrás de una especie de arbusto. Fuimos a ver lo que era. Había un niño que le decía que se callara a un perro. Era un chico alto, delgado y estaba sucio. Tenía una voz grave y fuerte.
-¿Quién eres? -le preguntamos.
-Soy Anton, el año pasado tuve un accidente de avión, mis padres murieron y he estado solo un año entero.
-Nosotras somos Lucía y Cristina. Ven con nosotras, estamos buscando el camino a casa -dije yo.
Dijo que sí y seguimos caminando.
Estábamos hablando cuando de repente un ave voló sobre nuestras cabezas. Era morada y azul. Nos asustamos, pero Antón nos tranquilizó diciendo:
-Tranquilas, pasa siempre por aquí, tiene un nido allí.
Señaló hacía arriba y vimos un extraño y gigantesco nido verde.
Vimos una cueva que estaba oculta por muchas hojas y entramos, había un animal muy extraño y desconocido, también estaba uno de nuestros compañeros de clase.
-¿Qué haces aquí? -dijo Lucía.
-Vi este animal, me llamó la atención y lo seguí, cuando me descubrió me dejó entrar aquí.
-Buscad el camino, yo iré yo solo.
Nos quedamos muy extrañados y nos fuimos.
-Venid por aquí, el camino de la derecha.
Se escuchaban voces, eran nuestros compañeros de clase. El profesor preguntó:
-¿Donde habéis estado? Os hemos estado buscando.
-Nos hemos perdido, encontramos a este chico, Antón, y nos ayudó a encontrar el camino -dije yo.
-Por favor, ¿puede venir con nosotros al colegio? Tuvo un accidente de avión, murieron sus padres y ha estado solo mucho tiempo -rogó Lucía.
El profesor se lo pensó y dijo que sí.
-¡Todos al autobús! Antón, ven conmigo, podrás vivir conmigo.


El caracol y las abejas

Había una vez un caracol muy vago que holgazaneaba mientras las abejas trabajaban duro para tener comida en el invierno. Las abejas le advirtieron al caracol que se pusiera a trabajar ya y el caracol le respondía:
-Hay tiempo de trabajar todavía hay mucho verano por delante.
Pasó el verano y el caracol no tenía nada para comer, sin embargo las abejas tenían grandes reservas de comida.

Cuando el caracol se vio allí muerto de frío y sin plantas, ni nada de comer, se le ocurrió pedirle algo a las abejas.
El caracol le dijo a una de las abejas:
-¿Podría dadme algo de alimento ya que no tengo nada? Se lo devolveré, no lo dude,
La abeja le dijo a las demás:
-Mirad lo que dice el caracol, el que decía que había tiempo de trabajar, mientras que holgazaneaba mientras trabajábamos, ahora nos pide alimento.
El caracol le pidió por favor que se apiadará de él que no tenía nada.
La abeja le dijo:
-Bien, te dejaremos comida si tú trabajas en el verano y nos traes sustento.
La plaza de iglesia


Al final  de una calle empinada empieza la plaza de mi pueblo.
Al fondo de la plaza está la iglesia, que es el monumento que más destaca. La iglesia es muy antigua del siglo XVI. Hay unas escaleras a la derecha y a la izquierda que suben a la puerta de la iglesia, debajo de esas escaleras se encuentra un pilar. Hay una pequeña plazoleta de piedra y en medio de la plazoleta hay una fuente. Hay algunos bancos para sentarse. En frente de la plaza está la biblioteca que antes era un ayuntamiento. A la derecha de la iglesia hay una farmacia, y un poco más abajo hay una pescadería.
Alrededor de la plaza hay muchas casas que casi todas son blancas y de más de un piso. Me siento feliz cuando estoy allí.



Mi maestro
Todas las mañanas veo a mi maestro bajar las escaleras para venir a por nosotros. Mi maestro se llama Antonio Castro y es mi tutor. 
 Su tez es oscura. Es de estatura media y de constitución normal y cincuentón. Tiene el pelo muy corto que deja despejada su frente.  Tiene cejas pequeñas y finas y ojos pequeños. Su nariz es un poco aguileña y su boca pequeña, con labios finos. 
Casi siempre lleva pantalones vaqueros y camisa. Le gusta y se le da bien la informática. Es muy amable y nos trata a todos muy bien.


Mi taza

Voy a describir a mi taza, que es una taza muy especial para mí.
Mi taza es muy peculiar, porque tiene unos dibujos muy curiosos. Es redondeada, pesa bastante y tiene muchos colores. Es de cerámica, muy suave y lisa. Tiene un asa roja en la que hay un gato dibujado. También tiene dos gatos en los laterales y unas palabras escritas en inglés: High rise cat; que significa: “Gato de gran velocidad”.
Yo siempre la utilizo para beberme la leche en el desayuno. Me gusta mucho mi taza, porque bebo muy a gusto en ella.
           La paciente                             

Estaba en el hospital y vi a una señora esperando su turno. Me resultó interesante. 
Era alta, recia y cuarentona. Lucía un pelo largo y castaño peinado con un vistoso moño que despejaba su pequeña frente. Era de tez oscura. Tenía unas gruesas cejas y unos grandes y marrones ojos. Sus orejas eran pequeñas y su nariz grande y achatada. Tenía una boca grande en la que destacaban unos gruesos labios pintados de un fuerte rojo y unos enormes dientes. Su rostro era serio. Tenía largas y gruesas piernas. 
A pesar de su aspecto, era amable y simpática. Vestía elegantemente y parecía una persona con bastante dinero.

El perro                        
Soy un perro y me llamo Luna. Vivo con mis dueños.
Soy grande, tengo un rabo largo y recto como una rama. Mi pelo es negro y muy suave, porque me cepillan todos los días. Tengo las orejas pequeñas. Mis ojos grandes y verdes destacan en mi pequeña cabeza. Tengo un hocico negro y pequeño, con una boca pequeña en la que siempre asoman  mis grandes y afilados dientes. Tengo las patas largas y fuertes.
Mi expresión es triste y antipática. Corro muy rápido y me gusta morder los pantalones a todo el que está en mi lado. Mis dueños me quieren mucho y me cuidan muy bien.

Mi reloj
Soy un reloj y me siento muy feliz por el trabajo que hago.
Soy nuevo y de correa. Mi forma es redondeada, soy pequeño y ligero. Mi color es metálico y estoy hecho de acero. No tengo agujas, porque soy un reloj digital, mi esfera está cubierta por un cristal. Tengo unos grandes números y sirvo para indicar la hora, para indicar el mes, para indicar el día que es y también sirvo para adornar la mano de mi dueña. Me puedo iluminar con una brillante luz naranja.
Mi dueña tiene mucho cuidado para que no me estropee.

Los pingüinos 
Los pingüinos viven en la Antártida y son aves. Tienen la parte de atrás de su cuerpo negra y la parte de delante blanca. Son salvajes. Tienen un prominente pico negro, dos patas muy cortas que le hacen ser muy torpes en la tierra  y dos aletas. Son tranquilos y, aunque no puedan volar, son espléndidos nadadores. Me encantan los pingüinos porque son unos animales tranquilos, dóciles y divertidos.


Mi padre
Mi padre se llama José María Coca, es de Íllora, cuarentón, alto y de constitución normal. Su piel es morena y está calvo. Tiene una nariz pequeña y viste de manera informal. Es bueno conmigo y no tiene mal carácter con nadie. Yo lo respeto, pero no por miedo, sino porque lo quiero mucho.